viernes, 4 de septiembre de 2020

Mary Oliver

 

EL VIAJE

 

Un día por fin supiste
lo que tenías que hacer, y lo empezaste,
aunque a tu alrededor algunas voces
insistían en gritar
malos consejos…
aunque toda la casa
se puso a temblar
y sentiste el viejo tirón
en los tobillos.
“¡Arréglame la vida!”,
gritaba cada una de las voces.
Pero no te detuviste.
Sabías lo que tenías que hacer,
aunque el viento husmeara
con sus dedos rígidos
hasta en los cimientos,
aunque su melancolía
fuese tremenda.
Ya era bastante tarde
y era una noche espantosa
y la carretera estaba llena
de ramas y piedras caídas.
Pero poco a poco,
a medida que dejabas atrás sus voces,
las estrellas comenzaron a arder
a través de las láminas de nubes,
y se oyó una voz nueva
que lentamente
reconociste como tuya,
que te hacía compañía
mientras a zancadas
penetrabas cada vez más en el mundo,
con la decisión de hacer
lo único que podías hacer…
la decisión de salvar
la única vida que podías salvar.




 


Poetisas de China

Infancia

Peno de frutos el saúco; serena moraba la infancia

En madriguera azul. Sobre senda pretérita,

Donde ya bruna zumba la hierba salvaje,

Medita el calmo ramaje; el susurro del follaje

 

 

 

Chu Chung-Hsein

(siglo XV)

 

Para la melodía “Una rama de bambú”

A la orilla del Lago Occidental hay una

Bodega. Su estandarte ondea en lo

Alto con la brida primaveral. Un transeúnte

Compra vino, canta una canción y

Pisotea los caídos pétalos de almendros.

 

Un estanque apacible en el ocaso

Del otoño – todas las flores de loto

Están marchitas. De dos en dos,

Muchachas sureñas reman en sus barcas

Y sobresaltan a un par de patos

Mandarines que estaban nadando y se

Alejan volando por sobre los

Juncos blancos de la orilla puesta.

  



María Zambrano

 

III. El Rumor

Lo que es negación, o más bien negativo, constituye la forma más acuciante del hacer; así sucede con el silencio. Será acaso de la vida desate, sólo por serlo, un rumor del cual el zumbido de la abeja, el canto mismo del pájaro, sea la quintaesencia lograda, pues que basta quedarse quieto, o lo que así llamamos, para que escuche inexorablemente el rumor de la psique, nunca callada. No hablemos del alma que puede ser no solamente callada sino fuente de acallamiento, lugar capaz de engendrar por sí misma un silencio, es decir un tiempo y un espacio propio.




Georg Trakl

 

Algo similar a cuando el agua azul resuena en la roca.

tierno es el lamento del mirlo. Un pastor

sigue sin habla al sol que rueda de la colina otoñal.

 

Un instante azul es tan sólo alma.

en la linde del bosque asoma un venado esquivo y en paz

reposan en el fondo viejas campanas y lóbregos caseríos.

 

Más piadoso conoces el sentido de años oscuros,

frescor y otoño en habitaciones solitarias;

y en sagrada añil resuenan lucientes pasos.

 

Suave vibra una ventana abierta; arranca

lágrimas ver en ruinas el cementerio en la colina,

recuerdo de leyendas narradas; pero a veces se ilumina

          el alma,

si piensa hombres alegres, días primaverales de oro oscuro




Arnaldo Calveyra

 

De Diario de Eleusis (2006)

 

 

                                    Palabra en el tiempo, palabra cielo toldado, a mitad de camino se

                                    desvía, en un sesgo de sílaba se te acerca al oído –te parece que la

                                    oyes-, te llega en redondo el tañido de la campana bajando por lo

                                    mismo de tarde, tarde de ayer tarde, tarde de esta tarde, la rima de

                                    sombra y acacia, nada se mueve, nada se mueve.

 

………………

 

                                    Palabra en trance de esperarte, en su compañía nace la palabra cielo

                                    toldado. Una mitad es silencio que destinas al verso, palabra en

                                    espera de la lluvia, se lleva bien con tu esperar que llueva, en un

                                    verso te muestra la grandilocuencia del patio, una mitad es silencio.

 

………………

 

                                    Corazón bajo tierra, la palabra escrita se borra, hace como que se

                                    borra. Y al llegar la madrugada ya estará pronta su mitad de

                                    barrilete.




Juan L. Ortiz

 A la orilla del río ...


A la orilla del río
un niño solo
con su perro.
A la orilla del río
dos soledades
tímidas
que se abrazan.

¿Qué mar oscuro,
qué mar oscuro,
los rodea,
cuando el agua es de cielo
que llega danzando
hasta las gramillas?
A la orilla del río
dos vidas solas
que se abrazan.
Solos, solos, quedaron
cerca del rancho.
La madre fue por algo.
El mundo era una crecida
nocturna.
¿Por qué el hambre y las piedras
y las palabras duras?
Y había enredaderas
que se miraban,
y sombras de sauces,
que se iban,
y ramas que quedaban…

Solos de pronto, solos,
ante la extraña noche
que subía y los rodeaba:
del vago, del profundo
terror igual,
surgió el desesperado
anhelo de un calor
que los flotara.

A la orilla del río
dos soledades puras
confundidas
sobre una isla efímera
de amor desesperado.

El animal temblaba.
¿De qué alegría
temblaba?
El niño casi lloraba.
¿De qué alegría
casi lloraba?

A la orilla del río
un niño solo
con su perro.




Pregunta Juana Bignozzi

 

Lenguaje y vida

 

-como todo poeta usted repite constantemente ciertas palabras

. Yo creo apoyándome en Pavese, que esa repetición podría justificar cierta autenticidad, porque cuando uno repite las palabras es porque esas palabras son significativas y porque pueden ser resonancias o reflejos de lo que Pavese llama mitos de la infancia. […]

Si la insistencia fuera, como le digo, el reflejo de una mitología profunda, como diría un analista, no se relacionaría a veces solamente con la mitología individual, sino que están dentro de un aura que no llamaría mitología, sino ciertas creencias flotantes, inconscientes, en determinado ambiente cultural, Aunque no tengan expresión en ese ambiente, están ciertas palabras de la gente, en ciertas fábulas, en ciertas expresiones diría, inconscientes u oblicuas, soslayadas. Eso en cuanto a lo colectivo. En lo individual, la insistencia para mí, ahora, en lugar de hacerme sospechoso de monotonía, me afirma en algo que está más allá de la conciencia.


 


Poéticamente habita el hombre


Estas palabras han sido sacadas de un poema tardío de Hólderlin que ha llegado 

a nosotros por un camino especial. Empieza así: “En un azul amable, dulce florece, con el metálico tejado, la torre de la iglesia…” (Stutt. Ausg. 2, 1 p.372 y ss.;Hellingrath VI p. 24 y ss.) Para oír adecuadamente las palabras “…poéticamente habita el hombre…” debemos devolverlas cuidadosamente al poema. Es por esto que ellas inmediatamente despiertan. Porque de lo contrario, nos falta la libre disposición a contestar a estas palabras yendo detrás de ellas.”

“…Poéticamente habita el hombre…”. Que los poetas habitan a veces poéticamente es algo que aún podríamos imaginar. Sin embargo, ¿cómo “el hombre”, y esto significa: todo hombre, y siempre, puedo habitar poéticamente? ¿No es todo habitar incompatible con lo poético? Nuestro habitar está acosado por la carestía de viviendas. Aunque esto no fuera así, hoy en día nuestro habitar está azuzado por el trabajo –inestable debido a la caza de ventajas y éxitos-, apresado por el sortilegio de la empresa del placer y del ocio. Pero allí donde, en el habitar de hoy queda aún espacio y se ha podido ahorrar algo de tiempo para lo poético, en el mejor de los casos, esto se ha realiza por medio de una ocupación con las artes y las letras, ya sean escritas o emitidas (por radio o por televisión).


escribir sobre imágenes

  … Siempre he estado marcado por mi afán constante de ser un hombre con pensamiento de este siglo en todos los aspectos de la vida que me s...